Enmedio es un colectivo de activismo creativo con sede en Barcelona, pero trabaja alrededor del mundo. Sus acciones son un referente en ese espacio de intersección que se produce entre el arte y los procesos de transformación social. Reflexionamos e indagamos en sus formas de hacer, como un ejemplo de buenas prácticas artivistas

El arte y la política comparten muchas cosas, y no me refiero solo al arte que habla sobre temas políticos. En el seno de ambas prácticas se desarrollan procesos sociales que resultan de interacciones comunicacionales de distinta índole, formas de relación, coyunturas o desacuerdos. Esos procesos son una construcción modulable, pero no el reflejo de una estructura social dada o “natural”. En este sentido, arte y política requieren de dispositivos relacionales y experiencias sociales para su existencia y funcionamiento, aunque cada uno lo haga de una manera y con lenguajes diferentes.

Si nos detenemos a mirar cualquier manifestación pública o marcha, podemos ver que hay una proliferación de elementos que podrían enmarcarse dentro de la esfera de lo “artístico”: pancartas, pintadas, consignas pegadizas, performances, coreografías sincronizadas, memes, música, etc. Hay ciertas prácticas estetizadas en las protestas, pero ¿Cuáles son las especificidades que caracterizan y distinguen al arte político del artivismo?

Evidentemente, entre algunas formas de activismo y el arte, puede intuirse un terreno común, lenguajes compartidos y formas de hacer, pero ¿es suficiente una pintada con contenido reivindicativo o político para hablar de artivismo?; un dibujo o una pancarta en el contexto de una manifestación, una canción de protesta ¿son una acción artivista? Tomando como referencia al colectivo Enmedio, propongo problematizar esos puntos.

Arte, política y malestar

Hay una dimensión estética en la política que busca dar forma a la sociedad y, también, una dimensión política en cualquier forma de arte, puesto que opera en la construcción o reproducción de un sentido común aplicado y extendido, lo que puede ser entendido como una hegemonía (en tanto que sistema de valores, cosmovisión y creencias aceptadas como norma universal).

No obstante, hay prácticas artísticas que se definen por una relación directa con la política, en cuyo núcleo hay una especie de hiper-especialización e hiper-espectacularidad del relato político, ya sea porque se incorporan temas de denuncia social, porque buscan posicionarse políticamente (a favor o en contra de determinadas causas), por la voluntad de protesta o porque se centran en amparar la creación de lazos relacionales bajo la forma de lo colaborativo y participativo. Fundamentalmente en cualquiera de esos relatos, el/la artista se define por cumplir un rol social que se mantiene dentro de las estructuras tradicionales de las artes, pero no por poner en peligro las estructuras de poder que se señalan.

Acción del Enmedio, Barcelona/ Foto Enmedio

De esta manera, se produce un proceso de sobreidentificación con los sistemas del arte: la figura del artista y su legitimidad social, las temáticas denunciadas, con los medios o canales de intervención, las instituciones del arte o de su propia posición. Para que el espectáculo del arte político funcione más allá de las consignas críticas, necesita situarse en una dicotomía en la que operan los mismos mecanismos de representación (hegemónicos) de aquello a lo que se opone: oprimidos y resistentes, arte social/arte no comprometido, etc.

Con esto, no pretendo posicionarme contra el arte que se ocupa de temas políticos, pero cabría preguntarse si las protestas sociales necesitan del arte para realizarse o, en definitiva, qué es lo que aporta el arte a las preocupaciones sociales. Tal vez, la función artística asociada a la especialización en lo político debería ser repasada como un mecanismo asentado en procedimientos análogos a los que amonesta, especialmente en cuanto a la representación se refiere (que parece ocultar un saber revelado), o a indicar cuál es la hoja de ruta “correcta” de la sociedad.

Mientras se mantengan las formas de articulación tradicionales de las instituciones del arte (objeto obra, artista, exhibición, etc.), nos situamos frente operadores estéticos de los discursos sobre la política, que no transfiguran ni crean nuevas experiencias de subjetividad contra-hegemónicas. Un arte que convoca lo político más que hablar sobre la política, lo que promueve es la creación de espacios públicos agonísticos,[1] que ponen en jaque la movilización de los afectos que principian en las prácticas centrales capitalistas. Y es justamente aquí donde se abre el camino para un tipo de práctica (artivista), que prospera en medio de la relación entre arte y política.

En cierta medida, lo que el artivismo hace es transmutar el descontento, las preocupaciones de la política (institucional, hegemónica y representativa) en el deseo de lo político (como espacio de deliberación pública),[1] usando mecanismos y lenguajes que no siempre son los tradicionales del mundo de las artes, pero que se transforman en altavoz de esos malestares, movidos por el goce y un cierto gusto estético. En el antagonismo de lo político que opera en este tipo de prácticas no hay una identidad esencial, pero se movilizan afectos comunes entre distintas luchas agonistas.

Mundo Valla, Enmedio/ Foto Enmedio

[1] La filósofa marxista Chantal Mouffe, profundiza y desarrolla esta distinción entre la política y lo político mostrando su carácter conflictivo, pero no como una negatividad que deba eliminarse, sino como un rasgo propio de toda sociedad democrática. Cfr. Mouffe, Chantal; En torno a lo político. Comunidad, ciudadanía, pluralismo, democracia radical; Fondo de Cultura económica; Buenos Aires: 2007.

A la hora de comprender algunos proyectos que trabajan en la confluencia del arte y los procesos de transformación social (activismo), uno de los puntos relevantes nos aleja de la comprensión del arte como producción (productor/producto/objeto). El componente artístico dentro del artivismo es siempre un conjunto de prácticas (intervencionistas, performáticas, etc.) no necesariamente objetuales, donde la figura del artista pierde toda potencia como creador individual  de obras, objetos y bienes, transformándose en un colaborador y productor de situaciones reapropiables.

La función de esas prácticas es la de mantener latente el antagonismo, interrumpir la maquinaria de la política institucional, al mismo tiempo que vaciar las identidades fijadas en la imagen que opera a través de las capturas hegemónicas tanto de la política como del arte. El artivismo articula nuevas maneras de politizar, poniendo lo político en la esfera pública de la política, a la vez que sus acciones van tejiendo y renovando lazos comunes.

“Ponte Enmedio

Fraude publicitario como forma de comunicación no convencional, para cuestionar y desviar la información mediante estrategias de “contrainformación”; parodias; sabotajes; simulación de campañas, son algunas de las maniobras del lenguaje artivista, que tienden a la impugnación del espectáculo del arte y sus instituciones, mientras se resiste a ser cooptado por la idea del Arte (como institución mayúscula). Al mismo tiempo, con ellas se indaga sobre formas posibles de disputar el monopolio informacional de las imágenes, para llevarlas al terreno de lo político.

Un claro ejemplo de los puntos antes señalados es el trabajo que realiza el colectivo Enmedio, con sede en Barcelona, cuyas acciones se extienden por Europa y América. Para este grupo de personas que provienen del mundo de la imagen, el artivismo es una manera de dar respuesta al malestar que generan el neoliberalismo y sus dispositivos. Sus proyectos buscan poner en jaque algunas de las estructuras de poder de la política, pulsando en las entrañas de las reivindicaciones sociales. De esta manera se provoca una visión crítica dentro del arte, al mismo tiempo que en lo social trabajan las formas estéticas y las diferentes posibilidades creativas de expresión.

A través del potencial que genera la creación colectiva en un espacio híbrido de grupos activistas, artistas, creativos/as, etc., indagan sobre la capacidad de transformación que genera la alteración de imágenes y relatos hegemónicos en circulación, utilizando todo tipo de herramientas (fotografía, medios de comunicación formales y no formales, diseño, actividades performáticas, etc.), para provocar interrupciones en las narraciones dominantes, y las explicaciones hegemónicas de los sistemas en los que estamos inmersos/as.

Acción Sin Mordaza. Colectivo Enmedio/ Foto Enmedio

Acciones artivistas

El colectivo Enmedio se creó en el año 2007, pero algunxs de sus integrantes habían participado en proyectos como Las Agencias, impulsado por el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona a finales del 2000 en el contexto de los movimientos antiglobalización, V de Vivienda o Yomango. Como grupo, fueron responsables de campañas como el ‘Sí se puede, pero no quieren’, llevada adelante con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).

En las acciones de Enmedio, se busca de abrir espacios de diálogo y convivencia en los que las herramientas del mundo del arte facilitan la capacidad de conectar y agitar. La comunicación juega un papel clave, partiendo del cuestionamiento sobre quién tiene derecho a comunicar e intervenir los espacios comunes, y trasladando ese derecho a todas las personas, por medio de las diferentes maneras de resistencia creativa a los modelos contemporáneos de opresión (a las políticas migratorias, al neoliberalismo, al capitalismo, al machismo, etc.).

Con humor, por favor

En contraposición con el activismo convencional y algunas formas de arte político cuyas denuncias se centran en remarcar “lo malo”, los colectivos artivistas suelen incluir altas dosis de humor e incluso algunas bromas que sirven para desenmascarar los poderes políticos, abusos hacia las personas o empujar las agendas políticas. No se dejan de señalar el malestar o aquello que quieren cambiar, pero se busca a través de esas maniobras romper la identificación victimizadora, concentrando en un mismo gesto: resistencia, placer y estética.

Introducir el factor sorpresa y la reivindicación del placer dentro de las acciones artivistas, es un gesto de irreverencia antes que de mero hedonismo. En un mundo donde la misma subsistencia implica dosis de sufrimiento y opresión, encontrar esa porción de goce en la creación, es una forma táctica de resistir. Por otra parte, las acciones inesperadas que puedes encontrarte paseando por la calle o en un sitio imprevisible, conectan y llaman la atención de quienes, tal vez, no están comprometidos con los reclamos.

La “Fiesta del INEM”, impulsada por Enmedio es un buen ejemplo de este tipo de prácticas. En el 2008 tuvo lugar la que se ha llamado “crisis económica española”, pero en realidad fue un duro golpe para las personas de a pie, en la que los bancos y grandes empresas salieron reforzados. La tristeza, el miedo a perder el trabajo y la vivienda, eran el estado de ánimo generalizado, y con razón. Más de 4 millones de personas perdieron sus empleos, quedando en el paro y sin salidas, otras tantas perdieron sus casas de manera abusiva.

Las oficinas de empleo del INEM (Instituto Nacional de Empleo), se convirtieron en uno de los lugares más frecuentados del país. Para interferir en ese clima de angustia, el grupo artivista organizó una “fiesta” sorpresa en una de las oficina de empleo del centro de Barcelona. Por un instante, la oficina destinada a inscribirse en el paro, se convirtió en un espacio festivo con música, baile, juegos, confeti y hasta una conga.

La gente que esperaba su turno para engrosar las listas del desempleo, fue sorprendida por la acción, pero también lxs trabajadorxs del INEM y el personal de seguridad, muchxs se animaron a participar, liberando el malestar (aunque solo fuera por un instante). En menos de 5 minutos se rompió el guion del poder: el espacio de desazón se transformó en uno de manifestación y reivindicación alegre. La acción se registró en vídeo y luego se viralizó, sirviendo de inspiración a otros colectivos y estimulando el debate sobre lo que estaba ocurriendo en el país.

Muchos de los elementos que se observan en esta acción, también podemos encontrarlos en otros de sus proyectos como el “TAF” (taller de acción fotográfica), “Sin Mordaza” (acciones contra la ley mordaza que recorta las posibilidades de protesta y la libertad de expresión) o en “Mundo Valla”, que busca cuestionar el control de la movilidad de las personas en el espacio público.

En otros contextos, The Yes Men, Adbuster, Iconoclasistas o el Reverendo Billy, también operan  bajo estrategias y tácticas análogas, donde se reivindican la creatividad y el disfrute como formas de resistencia, para unir a la comunidad y transformar las políticas imperantes.